El viernes por primera vez
fui a ver como se grababa un concurso.
Una larga cola para cumplimentar un
formulario donde dábamos derecho a que nuestra imagen apareciera.
Otra larga cola para entregarlo.
Una tercera y larga cola para
subir unas escaleras de dudosa estabilidad que llegaban a lo alto desde
donde podía verse una especie de coliseo romano.
Aquello era el estudio de
grabación.
600 personas serían las que
dando su voto haría que el sueño de uno de dos concursantes finalistas de
llevarse un montón de pasta gansa se hiciera realidad.
Me colocaron en la parte
superior fuera del enfoque de las
cámaras. Elegí y a mala hora una
minifalda y unos botines con tacón. Mala elección de la ropa… por mi parte.
De repente apareció en el centro
del escenario (llamado pastilla por la forma de dicho medicamento) un animador
que entre bromas, risas, canturreos y chistecillos casposos, amenizaba al
cotarro mientras se preparaba el inicio de la grabación.
¿Quién quiere patatas fritas?
El público era obsequiado con agua,
donettes, panteras rosas, bocadillos...
De pronto la magia se hizo
realidad.
Mercedes Milá y Albert, los miembros
del jurado, tomaron asiento y todo el público de pie con los brazos alzados a
modo de curia romana y acompañados de un ritmo frenético sacado de peli de
gladiadores (que era la cabecera del
programa) incitaba e iniciaba lo que prometía ser un interesante concurso.
El comecocos.
Como
escritora y observadora que soy adiviné un submundo entre el público.
Figurantes, extras, curiosos
que como yo asistían por primera vez o asiduos a estos eventos.
Descubrí familias enteras que pasaban las tardes
allí.
Para ellas todo eran ventajas.
-Mira niña -me dijo una señora que
tenia a mi lado maquillada pantalón ajustado y unas botas estilo 3
mosqueteros que salvaguardaba las rodillas y las ingles- aquí estamos
calentitos, alimentaos, animaos y encima nos dan un dinerillo por asistir.
¿Dónde vamos a estar mejor?
Yo me llamo Sole ¿y tú?
-Rosa María
-Pues mira niña que ya verás cómo te
enganchas y vienes a otras grabaciones jajaja.
Aquellas palabras me asustaron un poco porque
siempre he huido de todo lo que crea dependencia.
¿Podría atraparme aquel
submundo?
Entre unas cosas y otras me
confesó que sabía de los amoríos al margen de las cámaras que existían entre
fulanito y menganita, por supuesto de los concursantes
Fascinante, allí había dos
programas en uno.
No salía de mi asombro...parecía
un gran hermano, una novela romántica entre parejas despechadas, celos y
rivalidades de marcadores y respuestas rapidas e ingeniosas que suscitaban
miradas de recelo rabia o envidia entre los demás protagonistas de ambas
historias, eso si acompañados en todo momento del ritmo trepidante de los euros
que iban ganando.
El programa se sucedía y entre pregunta
y pregunta cuando una de la concursante fue eliminada por el rival más avispado,
mi instructiva compañera Sole, saltó con un iracundo:
-¡Ya lo sabía! ¡Ella está
enamorada de él y al eliminarla mira como llora se lo ha tomado como algo
personal! ¡¡Será cerdaco!!
El programa acabó y 600 personas tenían
que ponerse de acuerdo para ir al lavabo.
Pensé en las cantidad de litros de
orina que circularían por aquellas cañerías.
No respetaron las colas y los de abajo
se mezclaron con los de arriba, se atropellaron en los pasillos y entre
patatas fritas repartidas y botellines de agua de una marca que no pagaba
por hacer publicidad, los minutos
corrían en aquel programa.
¡SEGUNDA PARTE
PÚBLICO!
De nuevo a subir por aquella enclenque
escalera que detrás del boato aparente del modernista plató aparecía lo más
cutre y peligroso que en mi vida he visto.
Se iniciara la grabación del
siguiente programa.
Después le siguió otro y a pesar
de mis piernas entumecidas, puesta de pie 45 minutos por exigencias
del programa con la friolera de 135 minutos, aquella molestosa minifalda (que
en mala hora elegí para asistir) y los tacones incomodísimos para mis pies tan
cabos, allí en todo lo alto del coliseo, entre estirones de mi menda
pudorosa que se obstinaba en que no se
vieran mis bragas desde abajo, las horas
fueron pasando hasta que concluyó.
Cola para salir por las escaleras
hasta la calle donde el frescor de la noche a las 10 me llevó a otra cola donde
un cuadradito de papel de color amarillo se transformaría al cabo de otra hora
en 12 euros a modo de salario por figurar.
Una señorita se acercó justo
cuando cobre mi dinerillo y con una sonrisa de oreja a oreja me preguntó:
-¿Vendrás mañana de 9 a 3?
¿Que creéis que contesté?
- ¿A qué hora es?
- A las 9 de la mañana y se
graban 2 programas, es la eliminatoria.
- Vendré, apúntame.
Así que la Rosa María al
día siguiente con mi ibuprofeno tomado por el dolor de rodillas, mi trombocid
extendido, zapatos y pantalones cómodos
y menos maquillada, allí estaba de nuevo haciendo una nueva cola más larga que la del día anterior.
Había una mujer que parecía
la Grace Jones.
Imaginad larga, espigadita,
pelo rasurado, solo un moño albino presidiendo su cabeza. Maquillada hasta lo
indecible, taconazos de vértigo y pulserazas que tintineaban constantemente en
aquella larga fila para entrar.
La poca ropa que llevaba y
el frío invernal que hacia dejaba latente como sus labios temblaban y su esbelto cuerpo de modelo- pasarela.
Después de una precaria organización
que superó con creces al día anterior, la fila comenzó a moverse.
-Voy a llamar por orden
alfabético.
-¡Dios!
-ABELARDO ARIAS ARIAS
¡¡Te puedes morir!!
Empezaba el orden por el nombre...de uno en uno 600 personas para entrar ahhhhhhhhhhhhh!!!!!
¡¡¡¡Que me va a dar algo!!!!
Al cabo de una hora se
entera el susodicho organizador que tiene que separar gente por agencia...así
que de pronto me veo en otra cola, pues no soy modelo, si no vulgar ama
de casa que ha metido las naricillas en todo aquel fregao.
- Yo vengo de Make
- Entonces...
El organizador ataviado con
una gorra más chula que un ocho, bufandaca 6 vueltas a su cuellecillo flácido
me señala con el dedo y me dice:
-Al fono...sigue hasta el
fono...y onde vea mucha ente...ahí é...
Imaginé por supuesto que su español era fingido…
-Noooooooooooooo, más gente
noooooooooooooooo, mas colas noooooooooooooooo, Hace un frío que pela hombre de
Dios, ¿no vés que parecemos flanecillos el amado público?
Rosa María llegó, Rosa María espero de nuevo una
larga cola donde de nuevo tuvo que ceder sus derechos de imagen...luego entró y
de nuevo aquellas escaleras que ya parecían pasadizos tenebrosos de pesadilla
en Elm Street; solo faltaba que Freddy Krueger hiciera su aparición.
Me sentaron detrás de una una concursante llamada
Blanca.
Al fondo había una pantallaza y cada vez que la cámara
mostraba a la concursante también
aparecia el publico que había detrás, y allí ¡¡estaba yo!!
Cada vez que la cámara daba un barrido y se
paraba en Blanca, Rosa María “chupaba
cámara”
por fin...mi sueño de salir en la caja tonta se
estaba haciendo realidad...así que ya tengo algunos minutillos de gloria que
contar a mis nietos jajaja.
Me inclinada para "chupar cámara”
cuando la cámara pasaba.
-¡¡¡Kú Kú!!! ¡¡Estoy
en la tele!!!
La concursante
respondía las preguntas con soltura dialéctica digna de mención mientras un
barrido general de cámara en aquel
circular plató mostraba rostros sonrientes, aplausos a tutti plem y el
desarrollo del programa se iba cumpliendo dentro del horario establecido.
De repente en las escaleras
de bajada y ataviados con tambores, un escuadrón tocaba el ritmo efervescente
de ambiente gladiadoriano.
Fijé mi atención en uno de los que tocaba el tambor.
Un joven mulato de anchos hombros que estaba en
el peldaño, justo al lado de mí.
Pude estudiarlo minuciosamente.
Vestido de negro, muñequeras y pelo rizado en
recogido, enfrascado en su tarea bien
aprendida, de golpear el tambor al ritmo de los demás músicos.
Hombre musculoso de los que
anuncian yogures en la tele y te hacen creer que el bacilococus te ensancha pectoral
de manera mágica era la comidilla del publico femenino colindante y la verdad…
también la mía.
Incluso alguna suspiró con la mirada fija en
aquel Adonis, cuerpo escultural, bronceado brillante y las famosas tabletas de
chocolate que riete tu de la Nestlé.
El primer programa
llegaba a su fin.
“La pastilla” quedaba
desierta y el animador organizaba las salidas ¡ venga, venga, a cambiar el agua
al canario!
Agua y patatas fritas
mañaneras para 600 personas famélicas en
largas colas que de nuevo se formaban para entrar al lavabo.
Al fondo se escuchaba al
animador contando un nuevo chiste casposo y archiconocido.
-Ese lobo que
le dice a Caperucita... ¿A dónde vas caperucita?
-A lavarme el chichi al
río.
-¡¡Como ha cambiado el cuento!! Exclamó el lobo...
Si, era patético pero
meritorio su trabajo de entretener a tanta peña en aquellas largos horas de
grabación.
Voy a terminar sin
revelaros quien ganó...
Si lo sé....eso no se
hace...
Pero sería destapar la
ilusión de la tele…
Después salimos a la calle.
Otra cola
para cobrar y adiós muy buenas...
Mientras me alejaba vi al
hombre del tambor, si,aquel tipo musculoso escapado de anuncio que vestido de
calle ya no resultaba tan seductor, más bien parecía un vendedor de
enciclopedias mal peinado.
Su coleta rizada y recogida ahora con goma de
pollo, lo hacía sencillo, cercano, humano.
Se aventuró por las escaleras del metro dejando
un rastro de perfume. Seguramente regresaba a su casa a descansar.
Los focos ya se habían apagado en aquel plató de
Glorias pero la magia seguía en mis ojos, en mis sentidos, en el recuerdo
cercano de unos días distintos, donde una figurante improvisada había metido
sus naricillas en aquel mundo de color, de escaparate, burbujas efimeras pero
necesarias, entretener... y despues.. como no... contártelo.
Rosa María Gómez Vico.